Noia o Noya, es una población gallega que se encuentra en la ría de Muros, en la provincia de A Coruña, a casi 40 Kms. de Santiago, punto de partida del libro de Javier Sierra llamado el Ángel perdido publicado en 2011 y motivo por el que se nos antoja muy importante incluirla en esta sección.

Durante la Edad Media, fue famosa por ser uno de los puertos más frecuentados por los peregrinos que venían por mar a visitar la tumba jacobea, por eso también se le conoce por "puerto de Compostela". Pero debido a la fuerte sedimentación sufrida durante siglos, su ría fue perdiendo progresivamente calado y hoy, en buena parte, ya no es más que una marisma.

La tradición cuenta que fue aquí -en un peñasco llamado Pena da barca-, donde descansó después del diluvio el Arca de Noé, siendo por ello considerado su primer poblador. Recordando esta mítica fundación, durante muchos siglos figuró en su escudo de armas el arca y por encima la paloma con una ramita de olivo en el pico. Los escritores clásicos la denominaron de dos formas: Noela y Novium.

Sufrió, como otras muchas poblaciones del litoral gallego, un duro ataque de los piratas normandos que la arrasaron por completo, por lo que se decidió trasladarla a un lugar más seguro, que es el que hoy ocupa.
Cuenta con interesantes monumentos, entre los que sobresalen por su gran valor artístico y arquitectónico las iglesias de Santa María a Nova, San Martiño y San Francisco. De la primera, construida en 1327, hablaremos más adelante al tratar del cementerio. La segunda, joya del gótico gallego, fue mandada edificar por el arzobispo don Lope de Mendoza. Por último, la de San Francisco es mucho más reciente, siendo obra en su mayoría de los siglos XVI y XVII.

Pero su fama se la debe en buena parte al cementerio, único entre los de su clase, que fue declarado monumento histórico-artístico nacional.EL CEMENTERIO Se encuentra en el casco urbano, rodeado de edificios modernos en su mayoría. En el centro y frente a la puerta de entrada está la iglesia de Santa María a Nova, Fue consagrada el año 1327, según consta en una inscripción que hay en el tímpano de la puerta Sur.
Ya en el interior, llama la atención del visitante el retablo del altar mayor, buen ejemplar del barroco compostelano del siglo XVIII; el sepulcro con estatua yacente de Juan de Estivada, rico tabernero noiés del siglo XIV, traído no hace muchos años de la vecina iglesia de San Martiño; la capilla de los Carneiro convertida en pequeño museo funerario, construida en 1575 por Pedro de Cereceda, con dos lucillos sepulcrales, uno de ellos perteneciente a Pedro Carneiro. Abundantes lauras sepulcrales, algunas con blasones y, sobre todo, una pila bautismal del siglo XV, adornada con varias figuras humanas que representan una escena de difícil interpretación.

El cementerio -que dicen que parte de su tierra fue traída de Palestina por los muchos barcos noieses que surcaban los mares- queda dividido en casi dos porciones iguales por la iglesia.

No se sabe cuándo se empezó a utilizar este lugar como camposanto, unos autores datan las losas sepulcrales más antiguas como del XI, otros retrasan esta fecha en dos siglos, haciéndolas contemporáneas de la iglesia, primer cuarto del XIV. Pero también afirman que en el solar que ocupa el actual templo ya hubo otro anterior, pues el llamarle popularmente Santa María a Nova implica que allí o muy cerca estuvo en otros tiempos Santa María a Vella, quizás la primera iglesia con que contó la necrópolis.

Lo que sí es cierto y nadie discute, es que este cementerio siempre tuvo un algo especial que lo diferenció de los demás, por ejemplo el que se administrase justicia en él hasta 1517, fecha en que fue prohibido por la autoridad eclesiástica. O que en su solar se celebrasen hasta mediados del siglo pasado fiestas campestres, comiendo en algunos casos los asistentes sobre "sus losas", las mismas que pertenecían a su familia desde muchos siglos antes y bajo las que ya reposaban el sueño eterno sus lejanos y cercanos antepasados y, por supuesto, también lo harían ellos.